lunes, 15 de noviembre de 2010

La mentira más grande jamás contada.

Las luces de Noviembre caen sobre mí como una pesada carga de la que me cuesta deshacerme. El sol se esconde tras los árboles, mientras las luces de las farolas dibujan reflejos danzantes que me parecen divertidos. Son las 7 y media de la tarde y él todavía no aparece. Miro el reloj un par de veces, desesperada, y observo a mi alrededor buscando su figura, que aparece lentamente a lo lejos, dirigiéndose hacia mí. Me saluda con una sonrisa, y me habla, pero no le escucho. Su voz forma un eco sordo dentro de mí que me cuesta procesar sus palabras. Hasta que me pregunta...
-¿Estás bien?
Y yo, disimulando, le respondo con la mentira más grande jamás contada.
-No te preocupes, estoy bien.

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