lunes, 22 de noviembre de 2010

Llena... hasta arriba.

El bar estaba tranquilo. Él entró como si nada, como siempre, pero todos pudieron notar que aquel día todo era diferente. Él estaba distinto, se le veía en la mirada, en la forma de caminar. Se sentó en el sitio de todas las mañanas, junto a la ventana. En su interior, un conjunto de sensaciones estaban a punto de salir a la luz: excitación, nostalgia, melancolía... y sobre todo, felicidad. Sonreía, como nunca lo había hecho. El camarero se acercó y le preguntó qué deseaba tomar.
-Una cerveza.
El camarero le dio la espalda para traérsela, pero entonces él lo interrumpió.
-La quiero con mucha espuma.
-¿Cómo?
-Sí.-sonrió-. La quiero llena, hasta arriba.

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